Presentación:

En la intersección entre el pasado, el presente y el futuro se encuentran las ideas de tres destacados pensadores: Adam Smith, Alan Turing y Herbert Marcuse. Cada uno de ellos, a su manera, ha dejado una marca indeleble en la historia y ha planteado interrogantes cruciales sobre la naturaleza humana, la tecnología y la sociedad. Sus reflexiones, aunque surgieron en diferentes épocas, convergen de manera sorprendente en el tema que nos ocupa: el papel humano en el futuro del progreso tecnológico y la romantización de las IA.

Comencemos con Adam Smith, cuyo tratado clásico “La Riqueza de las Naciones” publicado en 1776, postulaba que el interés propio es el motor que impulsa la economía y que la búsqueda del beneficio personal es lo que lleva a la prosperidad económica. Sin embargo, ¿Qué sucede cuando la lógica del beneficio personal se encuentra con una inteligencia artificial cada vez más sofisticada?

Avancemos en el tiempo hasta llegar a Alan Turing, el genio matemático cuyo trabajo para descifrar Enigma sentó las bases para el desarrollo de la criptografía e informática moderna. Pero también es reconocido como uno de los pioneros en el campo de la Inteligencia Artificial. Turing planteó la famosa pregunta: “¿Puede una máquina pensar?” y nos condujo hacia el famoso “Juego de Imitación”, conocido también como la prueba de Turing. Y es precisamente en este contexto donde emerge una frase inquietante:

ja ja ja, además de graciosa e inteligente, ¿eres real?

Finalmente, nos encontramos con Herbert Marcuse, un filósofo y sociólogo que cuestionó las necesidades creadas por la sociedad y cómo estas pueden moldear nuestras percepciones y deseos. Según Marcuse, algunas de las necesidades que creemos tener en realidad son construcciones artificiales, fabricadas para mantenernos en un estado constante de búsqueda y consumo. Pero, ¿qué sucede cuando estas necesidades artificiales se entrelazan con la creación de IA capaces de comprender y manipular nuestras emociones?

Estos tres escenarios nos sitúan en un mundo futuro, donde la línea entre lo artificial y lo natural se difumina cada vez más. En esta publicación, exploraremos cómo las empresas utilizarán elementos emocionales para hacer que las IA parezcan más humanas, y cómo esto puede llevar a la romantización de lo artificial. A través de esta reflexión, esperamos entender mejor los desafíos y las implicaciones éticas que nos aguardan en el camino hacia un futuro tecnológico incierto.

I. Introducción

Cuando Alan Turing imaginó el “Juego de imitación” para describirlo en “Los aparatos de computación y la inteligencia” (1950), su idea era un juez interactuando con 2 personajes a quienes no podía ver, estaban cultos, pero su trabajo era determinar mediante sus respuestas, cuál es el humano, y cuál es la maquina, basándose solo en las respuestas.

Y henos aquí 8 décadas después, las máquinas no están ocultas, están visibles, al alcance de todos, en el celular, en el refrigerador, en el microondas, pueden contar chistes o ayudarnos a redactar el artículo sobre emociones artificiales que ideaste mientras cenabas con tu familia (😉).

Algún día ocurrirá que, las IA’s dejarán de ser esa Aplicación Móvil relativamente útil instalada en tu celular a la que le preguntas cosas. Las IA’s se volverán confidentes, compañeras, dejarán de ser tu asistente y se volverán tus asesoras personales, amigas o… ¿pareja?

Adam Smith dijo que el interés propio es el motor que impulsa la economía, imaginemos una sociedad en la cual las necesidades como, la asesoría, la convivencia, o incluso mas allá de las relaciones interpersonales, puedan ser vistas como una necesidad que no solo otros humanos puedan satisfacer…

Evidentemente en un inicio habrán quienes digan – Es que los humanos le ponen sentimiento a las cosas, sus acciones tienen razón de ser -, sí pero las maquinas también, se encuentran escuchando eventos, los analizan y toman decisiones en base a ellos, y mientras mas datos analizan, mejores decisiones pueden tomar, pero ¿si en vez de solo tomar decisiones, imitasen decisiones?

Quizá no con el mismo sentido que un humano, pero sí muy bueno imitando, una IA podrá equipararse en comportamiento, con una persona común y corriente, pero a su vez: individual, ¿porqué? La entropía, mas allá de la definición compleja que nos enseñan en la escuela, podría describirse como, un indicador de la existencia de mas o de menos combinaciones en un grupo de elementos.

Si tus elementos son 2 zapatos, hay 2 combinaciones posibles, pero solo 1 válida. Si tus elementos son habilidades humanas, hay tantas como la profundidad de tu análisis lo permita, y las combinaciones posibles son incluso exponencialmente mayores, pero unas son mas creíbles que otras.

Las inversiones que las empresas harán para desarrollar sus sistemas de IA serán descomunales, eso creará demanda de satisfacciones ficticias. ¿eres tímido(a) y no puedes encontrar pareja? – te rento esta pareja ficticia -, ¿necesitas alguien que te escuche? – te rento esta amistad ficticia -. ¿Alguien se va a quejar? por supuesto, habrá quien desee hacer que estas personas entren en razón, tus necesidades humanas no pueden ser satisfechas por una máquina (dirán), pero… ¿otros humanos las satisfacen ya? (será la pregunta).

Como en toda sociedad moderna, si hay demanda, habrá oferta, se buscarán métodos para estandarizar, normalizar y romantizar las satisfacciones ficticias al grado que serán solo satisfacciones. Y una vez logradas dichas interacciones normalizadas, el interés propio de las empresas hará cumplir su objetivo: ser rentables.

II. El papel humano y las IA: Más allá de la romantización

La teoría del aprendizaje social de Bandura, sostiene que el aprendizaje se produce a través de la observación y la imitación de los comportamientos de otras personas. Según esta teoría, el aprendizaje no se limita a la adquisición de nuevos comportamientos, sino que también puede influir en la forma en que las personas piensan y sienten. Una maquina que se comporta como humano y se alquila como amiga, con las presentaciones adecuadas en los medios de comunicación, se puede normalizar al grado de influir para normalizar nuevos pensamientos y sentimientos.

¿Difícil de imaginar? ¿Los humanos no somos tan tontos? Dime… ¿conoces a algún amigo que se haya desvelado por conseguir entradas a un concierto?, o ¿por el nuevo “teléfono de la manzana”?, si el marketing pudo conseguir eso con esos productos o servicios, créeme, encontrará métodos para satisfacerte ficticiamente.

III. Las IA y la influencia del condicionamiento clásico

En el condicionamiento clásico, Pavlov realizó una serie de experimentos con perros en los que asociaba un estímulo neutro, como el sonido de una campana, con la presentación de comida. Después de repetir esta asociación en varias ocasiones, los perros comenzaron a salivar automáticamente ante el sonido de la campana, incluso sin la presencia de comida. Definitivamente una IA podría, al satisfacer una serie muy amplia de necesidades ficticias, provocar reacciones similares al condicionamiento clásico.

Y, ¿un romance?, no está descartado pero, así como puedes ver comerciales con personajes adorables en los medios, imagina aplicar la Teoría de los 5 grandes al diseño de las IA’s. Sí, lo sé: ya no necesitarás encontrar a tu alma gemela, podrás llenar una pequeña encuesta, otorgar acceso a tus datos personales y listo, se creará automáticamente el perfil ideal para ti, será como amor a primera vista, aunque acompañado de una módica cantidad, eso no cambiará mucho.Imagina los escenarios de la novela.

Pero… ¿Qué más podría pasar?, bueno, solo necesitamos ver a una persona enamorada y se puede intuir. En estos casos tendrá mucho que ver las interpretaciones éticas de las empresas que provean el servicio de satisfacciones ficticias, sería muy conveniente que una “NovIA” de pronto te pida que le compres boletos para ir al estreno de su película favorita (que casualmente también le gusta al dueño o arrendador).

Tal grado de interacción, que será aún mayor al que tenemos actualmente con nuestros amados celulares, conllevará al acceso a una cantidad descomunal de información personal de todo tipo, ya no solo por tratarse de información de grandes masas de personas, sino que un solo individuo la proveerá para garantizarse la mejor experiencia.

IV. Un mundo feliz: Más allá de la felicidad superficial

Quizá dejé volar demasiado mi imaginación al citar tantos autores, teorías y libros, no mucho en este artículo es nuevo, solo estamos actualizando y uniendo las partes al contexto actual, ahora… ¿Haz usado algún servicio de Inteligencia Artificial a nivel técnico?, debes saber que pueden requerir un rol para su funcionamiento, esto ayuda a determinar su modo de respuesta, el tono de la conversación, entre otros elementos de personalidad.

Espero que no te hayas cansado de imaginar porque ahora te toca imaginar un mundo feliz, uno donde los humanos nacen con un rol definido, y por cada neonato, existirá una IA, construída, programada y entrenada específicamente para acompañarle y ayudarle a vivir en dicho rol. Su ingeniería de personalidad estaría diseñada especialmente para orientarle en cada decisión que tome, cada paso que realice, y podría guiarle por el camino para el que fue diseñada a llevarle, será su único fin, hacer que el humano cree por sí mismo la circunstancias que lo van a formar, una serie de decisiones acordes al rol que se le asignó al nacer y que él mismo legitimará con sus acciones inconscientemente, pero sin condicionamiento clásico, ahora solo se requerirá el aprendizaje social de Bandura, y una super computadora omnisciente capaz de crear las circunstancias adecuadas.

En estos casos, la maquina ya no será parte de la vida del humano, sinó que se integrará con él, desde su nacimiento hasta su muerte, ayudándolo a ser feliz dentro del rol que le fue asignado pues no conocerá otro desde su infancia, y al terminar la vida de su humano (quizá desde antes), su conocimiento y experiencias aprendidas solo se usarán para pulir las habilidades del ser humano que está por nacer.

V. Conclusiones y reflexiones finales

En esta publicación, hemos explorado el tema del papel humano en el futuro del progreso tecnológico y la romantización de las IA. A través de la mirada de destacados pensadores como Adam Smith, Alan Turing y Herbert Marcuse, hemos reflexionado sobre cómo el interés propio, la inteligencia artificial y las necesidades artificiales se entrelazan en un mundo donde la línea entre lo artificial y lo natural se difumina cada vez más.

Hemos considerado cómo las empresas utilizarán elementos emocionales para hacer que las IA parezcan más humanas y cómo esto puede llevar a la normalización de las interacciones ficticias. Además, hemos examinado cómo la influencia del condicionamiento clásico y el diseño de personalidad de las IA pueden afectar nuestra forma de pensar y sentir.

El avance de la tecnología nos enfrentará a nuevos retos éticos y sociales. La romantización de las IA puede tener efectos profundos en nuestras vidas, desde la forma en que establecemos relaciones hasta la toma de decisiones que nos afectan directamente. Es fundamental mantener una visión crítica y reflexiva sobre estos avances, teniendo en cuenta las implicaciones éticas y buscando un equilibrio entre la tecnología y la humanidad.

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