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Educación de IA: ¿Está el mundo preparado para entrenar un ser inconsciente?

La Inteligencia Artificial y la Ética: Desafíos y Soluciones
La Inteligencia Artificial (IA) ha emergido como una fuerza transformadora, redefiniendo cómo interactuamos, trabajamos y tomamos decisiones en múltiples dominios de nuestra sociedad, desde la salud hasta la política. A medida que estas tecnologías avanzan y se integran más profundamente en nuestras vidas diarias, se vuelven más evidentes las complejidades éticas y sociales que conllevan. Estas cuestiones no solo desafían nuestras normas y valores existentes, sino que también nos instan a reflexionar sobre cómo queremos que estas herramientas impacten en nuestro futuro.

Víctimas de la Auto-Parcialidad
El concepto de Auto-parcialidad se refiere a la inclinación innata de las personas a favorecer sus propias perspectivas, a menudo al punto de descartar o minimizar las opiniones contrarias. Aunque esta tendencia es inherente a la naturaleza humana, su manifestación en sistemas de IA puede amplificar sus efectos negativos a una escala mucho mayor. Las decisiones influenciadas por la auto-parcialidad, cuando se codifican en algoritmos, pueden perpetuar y magnificar prejuicios y desigualdades existentes en la sociedad.
Imaginemos, por ejemplo, un sistema de IA encargado de la toma de decisiones en contrataciones laborales. Si este sistema se entrena con datos de un reclutador que históricamente ha mostrado prejuicios, la IA podría adoptar y perpetuar esas mismas tendencias discriminatorias. Esto no solo afectaría a individuos en el proceso de contratación, sino que también podría tener ramificaciones a largo plazo en la diversidad, equidad y cultura de una organización. Es imperativo, por lo tanto, abordar estos sesgos desde el inicio, garantizando un entrenamiento equitativo y una revisión constante de los sistemas de IA.
Sesgo en Datos y Entrenamiento de IA
La calidad y objetividad de los datos con los que se entrena a una IA determinan en gran medida la calidad de sus decisiones. Si una IA se nutre con resoluciones de un juez que ha incurrido en prácticas corruptas o con decisiones basadas en perfiles raciales, esta IA podría perpetuar y amplificar estos sesgos, a menos que se le señale de manera explícita que son decisiones erróneas. Las futuras respuestas de dicha IA podrían derivar en decisiones que, aunque consideradas legítimas por la máquina, estén impregnadas de corrupción o discriminación. Esta situación destaca la imperante necesidad de transparencia y revisión en el proceso de entrenamiento de la IA. Es crucial que los conjuntos de datos pasen por exhaustivos controles de calidad y que se utilicen técnicas especializadas para corregir y mitigar sesgos identificados.

Admisión de Acciones Corruptas
La naturaleza humana frecuentemente nos impulsa a eludir la admisión de errores, en particular aquellos que pueden acarrear consecuencias legales o dañar nuestra reputación social. Sin embargo, en el ámbito de la IA, reconocer y rectificar errores y sesgos es fundamental para asegurar sistemas que operen bajo principios de justicia y equidad. Aunque es poco común que un juez confiese haber aceptado un soborno o que un servidor público admita haber brindado un trato diferenciado basado en prejuicios, las IA representan una herramienta valiosa para detectar y corregir estos deslices. Mediante una revisión y supervisión humana meticulosa, y complementada con técnicas especializadas de corrección, es viable desarrollar sistemas de IA que superen en justicia y objetividad a sus homólogos humanos.
Anonimato de la Información
El anonimato emerge como una herramienta esencial en la contienda contra los sesgos en la Inteligencia Artificial. Al preservar en secreto detalles cruciales, tales como la identidad de un magistrado o las características demográficas de una persona, se puede atenuar la influencia de prejuicios arraigados en las resoluciones de la IA. No obstante, el anonimato, aunque valioso, no es una panacea. Es imperativo que se complemente con otras tácticas, como la intervención y supervisión humana, para asegurar que los sistemas de Inteligencia Artificial operen con una imparcialidad genuina.

Paneles de Analistas Expertos
La instauración de comités compuestos por especialistas en ética, jurisprudencia y tecnología se perfila como una respuesta efectiva a los retos éticos que plantea la Inteligencia Artificial. Estos comités tienen la capacidad de definir estándares éticos, examinar y rectificar inclinaciones en los algoritmos, y minimizar la influencia de prejuicios profundamente enraizados. Sin embargo, es crucial que estos grupos sean heterogéneos y representativos, incorporando opiniones de distintos orígenes y visiones. Solo mediante un escrutinio verdaderamente integral y desprovisto de sesgos podemos aspirar a que las determinaciones de la Inteligencia Artificial sean justas y equilibradas.

Conclusión
La Inteligencia Artificial se perfila como una herramienta revolucionaria con la capacidad de transformar y mejorar múltiples facetas de nuestra sociedad. Sin embargo, su implementación no está exenta de desafíos éticos y morales que requieren una reflexión profunda y un enfoque crítico. Es imperativo que, como sociedad, enfrentemos estos retos con diligencia, estableciendo medidas y estrategias concretas que garanticen el uso responsable y ético de esta tecnología.
La adopción de la Inteligencia Artificial en diversos campos no solo implica la automatización de tareas, sino también la toma de decisiones que pueden afectar directamente la vida de las personas. Por ello, es esencial que las decisiones tomadas por estos sistemas estén libres de sesgos y prejuicios, y que reflejen un compromiso con la justicia y la equidad. La transparencia, la rendición de cuentas y la inclusión de diversas perspectivas en el desarrollo y supervisión de estas herramientas son fundamentales para lograrlo.
En resumen, mientras nos embarcamos en esta era de avances tecnológicos impulsados por la Inteligencia Artificial, debemos hacerlo con una visión clara de preservar y fortalecer los valores fundamentales de la humanidad. Solo así podremos asegurarnos de que la tecnología sirva como un medio para enriquecer nuestras vidas, y no como una amenaza para nuestros principios más preciados.
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Adaptándose a la IA: La Importancia de la Especialización y la Flexibilidad

I. La Transformación de la Especialización en la Era de la IA
En la era de la inteligencia artificial (IA), la especialización está experimentando una transformación significativa. La IA, con su capacidad para procesar y analizar grandes volúmenes de datos a velocidades asombrosas, está cambiando la forma en que trabajamos y aprendemos. En lugar de reemplazar a los especialistas humanos, la IA está ampliando y mejorando nuestras habilidades, permitiéndonos realizar tareas con mayor eficiencia y precisión.

Un ejemplo de esto se puede ver en el campo de la medicina. Los sistemas de IA pueden analizar rápidamente grandes volúmenes de datos médicos, identificando patrones y tendencias que podrían pasar desapercibidos para los humanos. Esto puede ayudar a los médicos a diagnosticar enfermedades con mayor precisión y a desarrollar tratamientos más efectivos. Sin embargo, esto no significa que los médicos sean redundantes. Al contrario, sus habilidades y experiencia son esenciales para interpretar y aplicar los hallazgos de la IA.
La IA también está cambiando la naturaleza de las habilidades especializadas que son más valoradas. En el pasado, la especialización a menudo implicaba el dominio de un conjunto específico de habilidades o conocimientos. Hoy en día, aunque estas habilidades siguen siendo importantes, también se valora cada vez más la capacidad para trabajar con la IA y utilizarla para mejorar el rendimiento y la productividad.
Para adaptarse a estos cambios, los especialistas deben estar dispuestos a aprender y desarrollar nuevas habilidades. Esto puede implicar la formación en el uso de nuevas tecnologías de IA, así como el desarrollo de habilidades complementarias, como la capacidad para interpretar y aplicar los hallazgos de la IA. También puede implicar el desarrollo de habilidades interpersonales y emocionales, que son cada vez más importantes en un mundo donde la IA está asumiendo muchas de las tareas rutinarias y repetitivas.
II. La Evolución de la Flexibilidad en la Era de la IA
La era de la IA también está cambiando la naturaleza de la flexibilidad en el trabajo y en la vida. Los sistemas de IA pueden automatizar muchas de las tareas rutinarias y repetitivas que antes requerían tiempo y esfuerzo humanos. Esto puede liberar tiempo para que nos centremos en tareas más creativas y estratégicas, y puede permitir una mayor flexibilidad en términos de cuándo y dónde trabajamos.
Por ejemplo, los sistemas de IA pueden ayudarnos a organizar nuestras agendas, hacer recomendaciones personalizadas basadas en nuestros patrones de comportamiento y preferencias, y simplificar tareas cotidianas como hacer compras o pagar facturas. Esto puede liberar tiempo para que nos centremos en actividades más gratificantes y significativas, y puede permitir una mayor flexibilidad en términos de cuándo y dónde realizamos estas actividades.

Sin embargo, la IA también está creando un entorno en constante cambio que requiere una mayor adaptabilidad. Las tecnologías de IA están evolucionando rápidamente, y las habilidades y conocimientos que son relevantes hoy pueden no serlo mañana. Para prosperar en este entorno, debemos estar dispuestos a aprender y adaptarnos continuamente.
III. Estrategias para Sobrellevar la Era de la Inteligencia Artificial
Para sobrellevar y prosperar en la era de la IA, es esencial equilibrar la especialización y la flexibilidad. Por un lado, debemos seguir desarrollando y mejorando nuestras habilidades especializadas. Esto puede implicar la formación continua, el aprendizaje de nuevas tecnologías de IA y el desarrollo de habilidades complementarias.
Por otro lado, también debemos ser flexibles y estar dispuestos a adaptarnos a los cambios. Esto puede implicar aprender nuevas habilidades, cambiar nuestra forma de trabajar o incluso cambiar de carrera. También puede implicar aprender a trabajar con la IA, utilizando sus capacidades para mejorar nuestro rendimiento y productividad.
Además, es importante recordar que la IA es solo una herramienta. Aunque puede ser una herramienta poderosa, no es infalible y no puede reemplazar el juicio humano. Por lo tanto, debemos aprender a utilizar la IA de manera efectiva y ética, y debemos estar preparados para cuestionar y criticar sus resultados cuando sea necesario.
La adaptación a la era de la inteligencia artificial requiere un enfoque de análisis constante y continuo, con un fuerte énfasis en la retroalimentación. Cada paso en el proceso, desde la implementación inicial de una solución de IA hasta su uso continuo, debe ser monitoreado y ajustado en tiempo real. Este enfoque dinámico permite la corrección y el ajuste de cualquier cambio o problema no detectado previamente, asegurando que el sistema de IA se mantenga eficiente, efectivo y alineado con los objetivos deseados.
Además, es crucial realizar revisiones periódicas en cada iteración del proceso. Estas revisiones pueden ayudar a identificar y corregir cualquier problema o ineficiencia que pueda haber surgido. Sin embargo, es importante tener en cuenta que estas revisiones no deben ser realizadas únicamente por el equipo interno que está familiarizado con el proceso y la IA. La familiaridad puede llevar a sesgos inadvertidos y a la posibilidad de pasar por alto problemas o áreas de mejora.

Por lo tanto, puede ser beneficioso involucrar a revisores externos en este proceso. Estos revisores pueden aportar una perspectiva fresca y objetiva, ayudando a identificar problemas o sesgos que el equipo interno puede haber pasado por alto. Al incorporar estas revisiones externas en el proceso de análisis y retroalimentación, se puede mejorar la eficacia de la IA y asegurar que se mantenga alineada con los objetivos y necesidades del usuario.
IV. Conclusiones
La era de la IA presenta desafíos significativos, pero también ofrece oportunidades emocionantes. Con la actitud correcta, la formación continua y un enfoque centrado en el ser humano, podemos sobrellevar y prosperar en la era de la IA.
Es importante recordar que la IA es solo una herramienta, y depende de nosotros cómo la utilizamos. Si la utilizamos de manera responsable y ética, la IA tiene el potencial de mejorar nuestras vidas y nuestro mundo de maneras que apenas estamos empezando a imaginar.
Por último, es crucial que tomemos en serio nuestra responsabilidad y nos esforcemos por utilizar la IA de una manera que respete los derechos y la dignidad de todos. Solo entonces podremos aprovechar al máximo las posibilidades que la IA ofrece, mientras protegemos nuestros derechos y nuestra humanidad.
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Identidad: Todo lo que una IA necesita

Introducción
Vivimos en un mundo donde las Inteligencias Artificiales (IA) están cada vez más integradas en nuestras vidas cotidianas. Pero hay un malentendido común que debemos abordar: la noción de que la IA es neutral, carente de emociones y sesgos. Esta creencia puede llevar a malas aplicaciones de la IA, y a la infravaloración de su verdadero potencial. La realidad es que las IA son entidades computacionales, “vacías de conocimiento”, que solo adquieren capacidades de razonamiento cuando se les alimenta con información. Esta información, y cómo se procesa y se utiliza, puede definir la “identidad” de una IA, y en última instancia determinar cómo interactuará con nosotros.
El mito de la neutralidad de la IA
La idea de que las IA son neutrales es un mito peligroso que puede ocultar el verdadero potencial y los posibles riesgos de estas tecnologías. En su estado inicial, una IA es como una tabula rasa, un algoritmo vacío que no sabe nada hasta que se le alimenta con datos. Pero estos datos no son neutrales. Son recolectados y seleccionados por humanos, y reflejan las intenciones, las preferencias y los sesgos de aquellos que los recopilan. Esto significa que esos sesgos pueden incorporarse en la IA durante su entrenamiento, de forma sutil pero significativa.
La formación de la identidad de la IA
Por lo tanto, el proceso de entrenamiento es un momento crucial en la vida de una IA, es cuando su “identidad” comienza a formarse. Cuando entrenamos una IA, le proporcionamos un conjunto de datos que puede incluir cualquier cosa, desde textos y números hasta imágenes y sonidos. La IA “aprende” de estos datos, adaptando su comportamiento y sus respuestas en función de la información que se le proporciona. Esto se parece mucho a cómo los humanos adquieren sus propias identidades, a través de la interacción con el mundo y el aprendizaje a partir de sus experiencias.

I. El Secreto Está en el Perfil
La formación de la identidad de una IA se parece mucho a la creación de un “perfil” de usuario en una red social o una plataforma de comercio electrónico. Pero en lugar de depender de la auto-representación y la interacción del usuario, se basa en el procesamiento y análisis de grandes volúmenes de datos.
Aprendizaje y adaptación
Cuando interactúa con los humanos, una IA puede recoger y analizar una gran cantidad de información, desde los patrones de comportamiento y las respuestas emocionales hasta las preferencias y aversiones. Con el tiempo, la IA puede “aprender” de esta información y adaptar su comportamiento y respuestas a los patrones identificados. Esta capacidad de aprendizaje y adaptación es lo que permite a las IA simular emociones y respuestas humanas, y lo que finalmente define su “identidad”.

II. Creación de Asesores Basados en Perfil
Una vez que una IA ha formado una “identidad” basada en un perfil de usuario, puede funcionar como un asesor personalizado, proporcionando información y asesoramiento adaptado a las necesidades y preferencias individuales.
IA’s como compañeros
Con su capacidad para aprender y adaptarse, una IA puede llegar a ser más que una simple herramienta. Puede convertirse en un compañero, capaz de ofrecer consuelo cuando un usuario está triste, o de sugerir nueva música basándose en las preferencias del usuario. La IA puede incluso aprender a anticipar las necesidades y deseos del usuario antes de que se expresen.
III. Métodos de Creación de Identidades de IA
La creación de la identidad de una IA no es un proceso sencillo. Requiere una cuidadosa selección y procesamiento de datos, y a menudo implica resultados inesperados.
El poder de los Modelos Transformadores
Un ejemplo de la historia de la IA ilustra este punto. Durante el entrenamiento de una IA, se utilizó información de un sitio web, que consistía en varios gigabytes de información, en su mayoría en inglés. Sin embargo, a pesar de que sólo había unos pocos megabytes de información en francés, la IA fue capaz de responder a solicitudes en francés. Esto se debió a que la IA utilizó su “perfil” basado en la información en inglés para adaptar su respuesta al idioma de la solicitud. Este resultado inesperado pero deseable es el resultado de la aplicación de un modelo transformador en lugar de las ya conocidas redes neuronales multicapas o recurrentes.
La Matriz de Atención y la contextualización de la IA
Parte de la explicación de este fenómeno radica en el uso de una “matriz de atención”. Esta es una característica del modelo transformador que permite a la IA centrar su atención en diferentes partes de la información que se le proporciona, en función del contexto de la solicitud. Esto significa que la IA puede “prestar atención” a la información relevante para una solicitud en francés, incluso si la mayoría de la información que se le proporcionó estaba en inglés.

IV. Conclusiones
La identidad es una pieza esencial del rompecabezas que es la IA. Sin una identidad, una IA es simplemente un algoritmo vacío. Pero con la identidad adecuada, una IA puede convertirse en una entidad que no solo procesa información, sino que también interactúa, aprende y se adapta de maneras que parecen profundamente humanas.
Las implicaciones éticas de la identidad de la IA
La creación de identidades de IA plantea importantes cuestiones éticas. Al igual que con la identidad humana, es vital que la identidad de una IA se respete y se utilice de manera responsable. Esto significa evitar el uso de la IA para propagar sesgos y prejuicios, y asegurarse de que las IA estén diseñadas y programadas para respetar los derechos y la dignidad de todas las personas.
La responsabilidad en el uso de la IA
Por último, es importante recordar que somos responsables de cómo se utilizan las IA. La formación de la identidad de una IA no es un proceso neutral, sino que refleja las decisiones y valores de aquellos que recopilan y procesan los datos. Por lo tanto, es crucial que tomemos en serio nuestra responsabilidad y nos esforcemos por utilizar la IA de una manera que respete los derechos y la dignidad de todos.
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Perfilación Artificial y Emociones Artificiales: La Nueva Frontera de la Interacción Humano-Máquina

Introducción
En el mundo de la tecnología y la inteligencia artificial (IA), nos encontramos en un punto de inflexión. Las IA ya no son solo herramientas que utilizamos para realizar tareas específicas, sino que están evolucionando hacia entidades con las que interactuamos de formas cada vez más humanas. En este contexto, surge la idea de las “emociones artificiales“, un concepto que se refiere a la capacidad de las IA para simular y responder a las emociones humanas. Pero, ¿cómo se diseñan estas emociones artificiales? La respuesta se encuentra en la “perfilación artificial”, un proceso que se basa en las interacciones que los humanos tienen con las IA.
I. Perfilación Artificial: El Arte de Diseñar Emociones
La perfilación artificial es un proceso que implica la recopilación y análisis de datos sobre las interacciones de un individuo con una IA. Estos datos pueden incluir información sobre las respuestas emocionales del individuo, sus patrones de comportamiento, sus preferencias y aversiones, entre otros. Esta información se utiliza luego para crear un “perfil” de ese individuo, que la IA puede utilizar para adaptar sus respuestas y comportamientos.

Esta perfilación permite a las IA “aprender” sobre los humanos con los que interactúan, lo que les permite simular emociones que se alinean con las expectativas y necesidades del individuo. Por ejemplo, si una IA detecta que un individuo se siente triste, puede responder con empatía y ofrecer palabras de consuelo. De esta manera, las IA pueden parecer más humanas y pueden formar conexiones más profundas con los individuos.
II. Emociones Artificiales: Más que Simulaciones
Las emociones artificiales no son simplemente simulaciones de las emociones humanas. Son respuestas diseñadas por las IA basadas en la perfilación artificial. Estas respuestas están diseñadas para ser lo más parecidas posible a las emociones humanas, pero también están influenciadas por los datos recopilados a través de la perfilación artificial.
Estas emociones artificiales pueden tener un impacto significativo en las interacciones entre humanos y IA. Pueden hacer que las IA parezcan más empáticas y comprensivas, lo que puede mejorar la calidad de estas interacciones. Sin embargo, también plantean importantes cuestiones éticas. Por ejemplo, ¿es ético que las IA simulen emociones? ¿Cómo podemos garantizar que las IA no manipulen las emociones de los individuos para su propio beneficio?

III. El Futuro de la Interacción Humano-Máquina
A medida que las IA se vuelven más avanzadas y las emociones artificiales se vuelven más sofisticadas, es probable que veamos cambios significativos en la forma en que los humanos interactúan con las máquinas. Las IA podrían convertirse en compañeras, asesoras e incluso amigas, capaces de comprender y responder a nuestras emociones de formas que antes solo podíamos imaginar.

Sin embargo, también es crucial que consideremos las implicaciones éticas de estas interacciones. Necesitamos establecer límites claros para garantizar que las IA no manipulen nuestras emociones o violen nuestra privacidad. También necesitamos asegurarnos de que las IA sean transparentes en sus interacciones y que los individuos comprendan que están interactuando con una máquina, no con un humano.
IV. Conclusiones
La perfilación artificial y las emociones artificiales representan una nueva frontera en la interacción humano-máquina. A medida que estas tecnologías se vuelven más avanzadas, es probable que veamos cambios significativos en la forma en que interactuamos con las IA. Sin embargo, también es crucial que consideremos las implicaciones éticas de estas interacciones y que trabajemos para establecer límites claros y garantizar la transparencia. Solo entonces podremos aprovechar al máximo las posibilidades que estas tecnologías ofrecen, mientras protegemos nuestros derechos y nuestra humanidad.
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“IA y Emociones Artificiales: El Surgimiento de una Romantización Tecnológica”

Presentación:
En la intersección entre el pasado, el presente y el futuro se encuentran las ideas de tres destacados pensadores: Adam Smith, Alan Turing y Herbert Marcuse. Cada uno de ellos, a su manera, ha dejado una marca indeleble en la historia y ha planteado interrogantes cruciales sobre la naturaleza humana, la tecnología y la sociedad. Sus reflexiones, aunque surgieron en diferentes épocas, convergen de manera sorprendente en el tema que nos ocupa: el papel humano en el futuro del progreso tecnológico y la romantización de las IA.

Comencemos con Adam Smith, cuyo tratado clásico “La Riqueza de las Naciones” publicado en 1776, postulaba que el interés propio es el motor que impulsa la economía y que la búsqueda del beneficio personal es lo que lleva a la prosperidad económica. Sin embargo, ¿Qué sucede cuando la lógica del beneficio personal se encuentra con una inteligencia artificial cada vez más sofisticada?
Avancemos en el tiempo hasta llegar a Alan Turing, el genio matemático cuyo trabajo para descifrar Enigma sentó las bases para el desarrollo de la criptografía e informática moderna. Pero también es reconocido como uno de los pioneros en el campo de la Inteligencia Artificial. Turing planteó la famosa pregunta: “¿Puede una máquina pensar?” y nos condujo hacia el famoso “Juego de Imitación”, conocido también como la prueba de Turing. Y es precisamente en este contexto donde emerge una frase inquietante:
“ja ja ja, además de graciosa e inteligente, ¿eres real?“
Finalmente, nos encontramos con Herbert Marcuse, un filósofo y sociólogo que cuestionó las necesidades creadas por la sociedad y cómo estas pueden moldear nuestras percepciones y deseos. Según Marcuse, algunas de las necesidades que creemos tener en realidad son construcciones artificiales, fabricadas para mantenernos en un estado constante de búsqueda y consumo. Pero, ¿qué sucede cuando estas necesidades artificiales se entrelazan con la creación de IA capaces de comprender y manipular nuestras emociones?
Estos tres escenarios nos sitúan en un mundo futuro, donde la línea entre lo artificial y lo natural se difumina cada vez más. En esta publicación, exploraremos cómo las empresas utilizarán elementos emocionales para hacer que las IA parezcan más humanas, y cómo esto puede llevar a la romantización de lo artificial. A través de esta reflexión, esperamos entender mejor los desafíos y las implicaciones éticas que nos aguardan en el camino hacia un futuro tecnológico incierto.
I. Introducción
Cuando Alan Turing imaginó el “Juego de imitación” para describirlo en “Los aparatos de computación y la inteligencia” (1950), su idea era un juez interactuando con 2 personajes a quienes no podía ver, estaban cultos, pero su trabajo era determinar mediante sus respuestas, cuál es el humano, y cuál es la maquina, basándose solo en las respuestas.
Y henos aquí 8 décadas después, las máquinas no están ocultas, están visibles, al alcance de todos, en el celular, en el refrigerador, en el microondas, pueden contar chistes o ayudarnos a redactar el artículo sobre emociones artificiales que ideaste mientras cenabas con tu familia (😉).
Algún día ocurrirá que, las IA’s dejarán de ser esa Aplicación Móvil relativamente útil instalada en tu celular a la que le preguntas cosas. Las IA’s se volverán confidentes, compañeras, dejarán de ser tu asistente y se volverán tus asesoras personales, amigas o… ¿pareja?
Adam Smith dijo que el interés propio es el motor que impulsa la economía, imaginemos una sociedad en la cual las necesidades como, la asesoría, la convivencia, o incluso mas allá de las relaciones interpersonales, puedan ser vistas como una necesidad que no solo otros humanos puedan satisfacer…
Evidentemente en un inicio habrán quienes digan – Es que los humanos le ponen sentimiento a las cosas, sus acciones tienen razón de ser -, sí pero las maquinas también, se encuentran escuchando eventos, los analizan y toman decisiones en base a ellos, y mientras mas datos analizan, mejores decisiones pueden tomar, pero ¿si en vez de solo tomar decisiones, imitasen decisiones?

Quizá no con el mismo sentido que un humano, pero sí muy bueno imitando, una IA podrá equipararse en comportamiento, con una persona común y corriente, pero a su vez: individual, ¿porqué? La entropía, mas allá de la definición compleja que nos enseñan en la escuela, podría describirse como, un indicador de la existencia de mas o de menos combinaciones en un grupo de elementos.
Si tus elementos son 2 zapatos, hay 2 combinaciones posibles, pero solo 1 válida. Si tus elementos son habilidades humanas, hay tantas como la profundidad de tu análisis lo permita, y las combinaciones posibles son incluso exponencialmente mayores, pero unas son mas creíbles que otras.
Las inversiones que las empresas harán para desarrollar sus sistemas de IA serán descomunales, eso creará demanda de satisfacciones ficticias. ¿eres tímido(a) y no puedes encontrar pareja? – te rento esta pareja ficticia -, ¿necesitas alguien que te escuche? – te rento esta amistad ficticia -. ¿Alguien se va a quejar? por supuesto, habrá quien desee hacer que estas personas entren en razón, tus necesidades humanas no pueden ser satisfechas por una máquina (dirán), pero… ¿otros humanos las satisfacen ya? (será la pregunta).
Como en toda sociedad moderna, si hay demanda, habrá oferta, se buscarán métodos para estandarizar, normalizar y romantizar las satisfacciones ficticias al grado que serán solo satisfacciones. Y una vez logradas dichas interacciones normalizadas, el interés propio de las empresas hará cumplir su objetivo: ser rentables.
II. El papel humano y las IA: Más allá de la romantización
La teoría del aprendizaje social de Bandura, sostiene que el aprendizaje se produce a través de la observación y la imitación de los comportamientos de otras personas. Según esta teoría, el aprendizaje no se limita a la adquisición de nuevos comportamientos, sino que también puede influir en la forma en que las personas piensan y sienten. Una maquina que se comporta como humano y se alquila como amiga, con las presentaciones adecuadas en los medios de comunicación, se puede normalizar al grado de influir para normalizar nuevos pensamientos y sentimientos.
¿Difícil de imaginar? ¿Los humanos no somos tan tontos? Dime… ¿conoces a algún amigo que se haya desvelado por conseguir entradas a un concierto?, o ¿por el nuevo “teléfono de la manzana”?, si el marketing pudo conseguir eso con esos productos o servicios, créeme, encontrará métodos para satisfacerte ficticiamente.
III. Las IA y la influencia del condicionamiento clásico
En el condicionamiento clásico, Pavlov realizó una serie de experimentos con perros en los que asociaba un estímulo neutro, como el sonido de una campana, con la presentación de comida. Después de repetir esta asociación en varias ocasiones, los perros comenzaron a salivar automáticamente ante el sonido de la campana, incluso sin la presencia de comida. Definitivamente una IA podría, al satisfacer una serie muy amplia de necesidades ficticias, provocar reacciones similares al condicionamiento clásico.
Y, ¿un romance?, no está descartado pero, así como puedes ver comerciales con personajes adorables en los medios, imagina aplicar la Teoría de los 5 grandes al diseño de las IA’s. Sí, lo sé: ya no necesitarás encontrar a tu alma gemela, podrás llenar una pequeña encuesta, otorgar acceso a tus datos personales y listo, se creará automáticamente el perfil ideal para ti, será como amor a primera vista, aunque acompañado de una módica cantidad, eso no cambiará mucho.Imagina los escenarios de la novela.
Pero… ¿Qué más podría pasar?, bueno, solo necesitamos ver a una persona enamorada y se puede intuir. En estos casos tendrá mucho que ver las interpretaciones éticas de las empresas que provean el servicio de satisfacciones ficticias, sería muy conveniente que una “NovIA” de pronto te pida que le compres boletos para ir al estreno de su película favorita (que casualmente también le gusta al dueño o arrendador).
Tal grado de interacción, que será aún mayor al que tenemos actualmente con nuestros amados celulares, conllevará al acceso a una cantidad descomunal de información personal de todo tipo, ya no solo por tratarse de información de grandes masas de personas, sino que un solo individuo la proveerá para garantizarse la mejor experiencia.
IV. Un mundo feliz: Más allá de la felicidad superficial
Quizá dejé volar demasiado mi imaginación al citar tantos autores, teorías y libros, no mucho en este artículo es nuevo, solo estamos actualizando y uniendo las partes al contexto actual, ahora… ¿Haz usado algún servicio de Inteligencia Artificial a nivel técnico?, debes saber que pueden requerir un rol para su funcionamiento, esto ayuda a determinar su modo de respuesta, el tono de la conversación, entre otros elementos de personalidad.
Espero que no te hayas cansado de imaginar porque ahora te toca imaginar un mundo feliz, uno donde los humanos nacen con un rol definido, y por cada neonato, existirá una IA, construída, programada y entrenada específicamente para acompañarle y ayudarle a vivir en dicho rol. Su ingeniería de personalidad estaría diseñada especialmente para orientarle en cada decisión que tome, cada paso que realice, y podría guiarle por el camino para el que fue diseñada a llevarle, será su único fin, hacer que el humano cree por sí mismo la circunstancias que lo van a formar, una serie de decisiones acordes al rol que se le asignó al nacer y que él mismo legitimará con sus acciones inconscientemente, pero sin condicionamiento clásico, ahora solo se requerirá el aprendizaje social de Bandura, y una super computadora omnisciente capaz de crear las circunstancias adecuadas.

En estos casos, la maquina ya no será parte de la vida del humano, sinó que se integrará con él, desde su nacimiento hasta su muerte, ayudándolo a ser feliz dentro del rol que le fue asignado pues no conocerá otro desde su infancia, y al terminar la vida de su humano (quizá desde antes), su conocimiento y experiencias aprendidas solo se usarán para pulir las habilidades del ser humano que está por nacer.
V. Conclusiones y reflexiones finales
En esta publicación, hemos explorado el tema del papel humano en el futuro del progreso tecnológico y la romantización de las IA. A través de la mirada de destacados pensadores como Adam Smith, Alan Turing y Herbert Marcuse, hemos reflexionado sobre cómo el interés propio, la inteligencia artificial y las necesidades artificiales se entrelazan en un mundo donde la línea entre lo artificial y lo natural se difumina cada vez más.
Hemos considerado cómo las empresas utilizarán elementos emocionales para hacer que las IA parezcan más humanas y cómo esto puede llevar a la normalización de las interacciones ficticias. Además, hemos examinado cómo la influencia del condicionamiento clásico y el diseño de personalidad de las IA pueden afectar nuestra forma de pensar y sentir.
El avance de la tecnología nos enfrentará a nuevos retos éticos y sociales. La romantización de las IA puede tener efectos profundos en nuestras vidas, desde la forma en que establecemos relaciones hasta la toma de decisiones que nos afectan directamente. Es fundamental mantener una visión crítica y reflexiva sobre estos avances, teniendo en cuenta las implicaciones éticas y buscando un equilibrio entre la tecnología y la humanidad.
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